Amigas de vocacional
Alguna vez en la vocacional, como parte de la clase de historia, el profesor nos propuso realizar un viaje a Guanajuato. No olvidemos que la vocacional es una escuela pública, así que mientras para algunos conseguir el dinero y el permiso de sus padres fue cosa fácil, para otros la cuestión del dinero era más bien un gran sacrificio.
Este era el caso de Jake, a quien su padre le había dado el dinero después de más de un mes de ruegos y llantos. Por supuesto, en aquel momento aquello resultaba un tanto incomprensible, un padre haciendo tanto escándalo por darle a su hija 2000 miserables pesos... el asunto es que uno crece y termina por enterarse de que cada peso de esos dos mil, se ha ganado con muchísimo sacrificio, y que a veces, ese dinero se traduce en la comida de todo un mes para familias enteras.
En fin, el punto es que le dio mil pesos en una semana, y los mil restantes se los fue entregando poco a poco. Una vez que estuvieron reunidos y listos para ser entregados al profesor organizador, ella los sacó de su escondite y se dirigió felíz a la escuela, pues ya no habría poder humano capaz de impedir que realizara tan ansiado viaje.
Pero la vida no siempre es tan fácil y rosa como nosotros quisiéramos, y en el camino a la escuela, asaltaron a Jake y le quitaron aquellos tan problemáticos mil pesos. Claro está, llegó a la escuela hecha un mar de llanto, enojada decepcionada y hasta resignada a quedarse en casa mientras el resto del grupo estaba de viaje.
Creo que ya les he hablado alguna vez acerca de lo fuertes que pueden llegar a ser los lazos de amistad en esta selvática ciudad, ¿cierto?. Pues de ser así, entonces comprenderán que nosotras, sus amigas, no habríamos de permitir que aquel infortunio eclipsara nuestro viaje y dejara a Jake con esos preciosos ojitos de becerra todos tristes. Algo teníamos que hacer para solucionar aquello.
Y pusimos manos a la obra, lo primero fue hablar con el resto del grupo, explicarles la situación y pedirles ayuda... sorprendentemente, casi todos aportaron algo para aquella noble "vaquita", claro, todo dentro de las posibilidades de una bola de estudiantes de vocacional, en la que los más "ricos" llevaban 20 pesos para gastar diario ja ja ja, pero todos ayudaron, todos.
Una vez hecho el recuento de la vaquita, llegamos a la triste conclusión de que aún faltaba mucho dinero por reunir y decidimos seguir pensando en alguna solución. Francamente no recuerdo a quién de aquel colorido grupo de amigas se le ocurrió la brillante idea, sólo sé que un día llegué a la escuela, y en cuanto me encontré con mis amigas, me dieron la noticia: "vamos a ir a cantar al metro".
Ja ja ja ja ja aquello fue un espectáculo que no podré borrar de mi mente jamás. Al término de las clases, salimos todas con dirección al metro la raza, un papel en el que anotamos la letra de las dos canciones que conformaban nuestro repertorio, y sobre todo, un puñado de corazones dispuestos al ridículo por hacer felíz a una amiga.
Nos paramos en el andén del metro y repasamos el plan: las canciones, quién hablaría para pedir dinero y cuál sería su texto. Teóricamente ya todo estaba listo... bueno, casi, excepto porque todas estábamos temblando de nervios y vergüenza. Así que dejamos pasar un montón de trenes, siempre con la promesa de "al que sigue sí nos subimos eh".
Finalmente estuvimos listas, nos subimos a un vagón, nos acomodamos en un rincón, dimos la última repasada al papel con las letras, y comenzamos a "cantar" ja ja ja. No diré aquí qué canciones eran, porque ya he envejecido suficiente como para avergonzarme de ello, sólo diré que aquella escena era muy digna de verse.
Ahí estaba yo, más roja de lo que haya estada en mi vida, muerta de risa sólo a causa de los nervios. Nalli, más pálida de lo que acostumbra, haciendo un descomunal esfuerzo porque saliera algún sonido de su garganta, pero sin conseguirlo nunca, parecía una estatua de sal moviendo los labios con cara de pánico. Ahí estaba Jake, que se quedaba a ligar a algún chico sonriente en cada vagón para mayor angustia y desesperación nuestra. Y ahí estaba Linda, diciendo con su voz quebrada por los nervios de manera que parecía que estaba a punto de llorar: "compañeros, somos estudiantes de la voca, vamos a hacer un viaje de prácticas y nos asaltaron..." ja ja ja ja ja ja. ¿Notan que la frase comenzaba con la palabra "compañeros"?, por Dios!, qué estupidez.
Al final, llegamos al metro C.U. y descubrimos que con tan sólo una vuelta habíamos reunido dinero suficiente, pero sobre todo, que ya habíamos alcanzado nuestro límite máximo permisible de ridículo por al menos un año. Así que después de entregar el dinero reunido a la "damnificada" Jake, y de prometernos que jamás en la vida contaríamos esta historia, nos despedimos.
Finalmente fuimos a aquel viaje, Jake incluida, por supuesto. Ahora ya ha pasado mucho tiempo, y sobre todo, he tenido bastantes años para burlarme de aquella inolvidable cara de pánico que ostentaba Nalli, como para que me haya dado permiso moral (que no real, porque no le he dicho) para escribir esto. Aún no soy capaz de recordar aquello sin doblarme de risa, pero los años me han dado algo más que oportunidades de burla, sobre todo, los años me han dado la claridad mental para ver aquello desde otra perspectiva, éramos jóvenes, cierto, pero sobre todas las cosas... éramos amigas.
¿Será que alguien pueda decir que no soy buena amiga después de leer esto?. No lo sé, lo cierto es que después de aquellas doradas épocas, y después de que aquel círculo de amigas se disolvió hasta convertirse en Nalli y yo, no dejo de admirarme por el verdadero sabor de hermandad que tuvo aquel acto. ¿Ustedes que opinan?