La vida de un estudihambre

Publicado en por Olinka

Hoy por la mañana, estaba elegantemente amarranada en mi cama, recordando mis épocas de estudiante de universidad, y después de una cadena de pensamientos absurdos (y otros no tanto), llegué a plantearme una pregunta que hoy comparto con ustedes: ¿Cuántas porquerías somos capaces de ingerir los estudiantes con tal de sobrevivir a una noche de estudio?


Cuando mis compañeros y yo nos disponíamos a pasar toda la noche en vela durante al menos una semana consecutiva, antes que preparar los libros u objetos de estudio, comprábamos varios litros de coca cola, una tira de cafiaspirinas y varias cajetillas de cigarros... todo esto, debo decir que nos resultó bastante efectivo, pues trancurríamos la semana durmierdo 1 o 2 horas máximo y salíamos del paso de las materias pero claro, el cuerpo nos ha cobrado factura con disfunciones del sueño, gastritis, colitis y montón de cosas más.

Alguna vez, a final de semestre, 2 de mis compañeras y yo, decidimos tomarnos una foto pues considerábamos que después de haber dormido 2 noches como se debe, estábamos frescas y hermosas... ja ja ja ja, nada más lejos de la realidad, cuando un tiempo después nos reunimos y vimos aquella fotografía, nos dimos cuenta de que las 3 teníamos e lmismo perfecto aspecto, frescura y hermosura que las momias de Guanajuato.

Éramos un grupo de compañeros y amigos bastante más que sólido, pero claro, después de 48 horas contínuas de trabajar sin descanso, hasta al más ecuánime le falla el autocontrol, y muy a menudo terminábamos todos peleados por estupideces como si el flujo del biorreactor que estábamos diseñando debía ser contínuo o no. En ese caso, las mujéres nos quedábamos sentadas en la mesa con cara de pocas pulgas, y mi entrañable amigo (casi hermano) corría a encerrarse a un cuarto y ponía a Queen a todo volúmen para exasperarnos más ja ja ja ja.

Finalmente, después algunos minutos, las mujeres comenzábamos a discutir el tema con más calma y llegábamos a un acuerdo plenamente sustentado en la lógica (o a veces en el simple acuerdo de conveniencia) y para cuando nuestro amigo salía del encierro, ya nosotras en el mismo bando, hacíamos gala de nuestras mejores explicaciones para convencerlo ja ja ja. No creo poder olvidar aquella ocasión en la que resolvimos un problema de fenómenos de transporte, modificando un par de las palabras del libro por términos como "el culo de la gorda"... y sí, el culo de la gorda era una dona gigante por la que el calor era transferido por capas de distintos materiales. Créanlo o no, hacer este tipo de estupideces funciona, rompen el hielo, te sacan de la rutina y de alguna forma consiguen que tu adormecido cerebro funcione otra vez.

Publicidad

Etiquetado en Mi juventud

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post