El túnel del tiempo
Quiero comenzar declarando que fuí una niña traviesa, pero que al menos se alegue a mi favor, que todas mis travesuras, tenían siempre una buena intención de trasfondo. Y para muestra un botón.
Corría el año 199... y yo estaba cursando el segundo año de primaria. Imaginen una niña de 6 añitos, muy flaquita y algo paliducha. Tenía en ese tiempo una amiga de cuyo nombre, desgraciadamente, no puedo acordarme... pero era algo así como mi nana, ella más que platicar o jugar conmigo, me cuidaba.
Ya se sabe, en cada grupo escolar siempre existe un niño(a) con suficiente malicia como para pasar buenos ratos a costillas de sus compañeros... No, esa no era yo. Yo era más bien de la parvada de tontos que la seguían. Bueno, el asunto es que se llamaba Ángeles (no es ironía mía, es el nombre real que conste). Y bueno, pues un día Ángeles llegó y nos contó a todos que su hermano mayor había descubierto un tunel del tiempo ohhh.
Las expresiones de incredulidad no se hicieron esperar, así que claro, ella se vió obligada a demostrar con pruebas contundentes la veracidad de sus palabras. Para ello hizo uso de una histora fabulantástica en la que su hermano entró al túnel del tiempo y fué a salir a la meritita ciudad de México, estuvo ahí un rato y luego volvió al pueblo....
Mal, mal, mal... el hecho de que esa historia implicara precisamente a la ciudad de México fué lo que me llevó a la perdición, eso y no mi maldad, que quede bien claro. Así que cuando Ángeles propuso que la siguiente ocasión en la que saliéramos temprano, no les dijéramos a nuestros padres y nos fuéramos de pinta directamente a "el túnel del tiempo" la votación a favor fué unánime.
En fín, el asunto es que normalmente me habría negado rotundamente a hacer algo así, pero... podía ir a la ciudad de México... eso hizo volar mi imaginación hasta límites impensables. Ideé un plan, un plan maestro. No sé a dónde se proponían ir el resto de mis compañeros, pero yo lo tenía muchísimo más que claro. Entraría a ese túnel e iría directo a la ciudad de México. Primero iría a ver mi hermana Ana y luego a mis otros dos hermanos. Segúramente estarían en la escuela muy ocupados, pero no importaba, no les quitaría mucho tiempo, un abrazo fuerte y listo. En menos de lo que canta un gallo yo estaría de vuelta en el pueblo y como el tiempo ahí no pasaría, podría volver a casa con mis padres y todo estaría muy bien. ¿Verdad que era un plan maestro? ja ja jaja
Pues ese plan perfecto falló... sí, lo sé, no tenía fallas aparentes, pero en efecto... falló y ya verán de qué forma.
Días después de haber pactado que nos iríamos de pinta a tan mágico lugar, llegó la oportunidad de oro. Antes del recreo la maestra nos informó que ese día salíamos una hora antes. La respuesta no se hizo esperar, pasamos todo el recreo planeando nuestra peligrosa excursión, de una forma muy extraña, pues Ángeles se negó rotundamente a indicarnos el lugar en el que se encontraba el túnel.
Mi amiga (esa cuyo nombre no recuerdo) fué muy contundente en sus palabras. "Si vas, te acuso con tus papás"... pero eso no me detendría, ¡por supuesto que no!, ¿cuándo se ha visto que un plan perfecto se vea impedido por tan minúsculo obstáculo?. Así que respondí "Si me acusas, te dejo de hablar para toda la vida" y aunque a esa edad la vida se termina más o menos 3 años después, mi amiga no se rindió "pues no me hables, pero te voy a acusar". Dejé ese punto ahí... ella sería completamente incapaz de hacerme eso, pues mi amistad le importaba.
Lo que pasó en clase después del recreo, no lo recuerdo ni muy remotamente... pero sí recuerdo con nitidez la imagen que estaba plantada en mi cabeza... yo abrazando a mis hermanos... ¡qué dicha más grande!.
No creo que haga falta decir que cuando llegó la hora de salir de la escuela todos brincamos de las butacas como expulsados por una fuerza sobrenatural.
Y así emprendimos el camino; fuertes, valientes, llenos de una ilusión que nos llevó directamente... a una tubería de aguas negras. Sí, ese pestilente lugar era el famoso túnel del tiempo. Nadie se atrevía a entrar... pero yo, que siempre he sido una mujer de convicciones firmes, estaba decidida, ¿qué importaba si aquello estaba asqueroso?. El marrano muerto, inflado y pestilente que estaba justo en la entrada de esa tubería... eso era sólo otro pequeño obtáculo. Tomé fuerzas, recordé a mi padre diciendo "si las cosas buenas fueran fáciles, cualquier pendejo las tendría"... bien, esto era una cosa buena, así que no sería fácil... pero yo tampoco sería pendeja... lo tendría, viajaría en el tiempo...
Me acomodé, puse un pié dentro del tubo, repetí en mi cabeza "esto es una cosa buena"... y justo cuando estaba a punto de meter la cabeza en ese asqueroso lugar, el tiempo se detuvo. Sí señores, el tiempo se detuvo, pero no a causa del túnel del tiempo, si no por mi pánico al escuchar a mi padre, gritando con su voz de trueno "Olinkaaaaaaaaa".
Creo que tardé más tiempo en voltear, que 30 niños en desaparecer mágicamente, porque cuando yo pude ver hacia atrás, estaba total y absolutamente sola.... y a una distancia de aproximadamente 20 metros, estaba mi padre. Imponente, gigante, rojo. Caminé con valentía hacia él, estaba segura de que cuando le contara la historia, él comprendería, hasta cabía la posibilidad de que él se uniera en mi aventura...
Ups!, ya más cerca noté que tenía el cinturón en la mano derecha... pero eso no importaba, no me pegaría a media calle, claro que no, y ya en el camino, al enterarse de todo, pues la cosa cambiaría.
Sobra decirlo, no tuve tiempo de explicar nada, en cuanto estuve a su alcance, me pezcó de la trenza y al grito de "¡pero queterremilparieron tan pendeja mijita!" me dió uno, dos, tres, cuatro cinturonazos. Y para colmo, mi amiga cumplió su palabra, sin importar mis ruegos, jamás me volvió a dirijir la palabra, era parte del honor de ser indígena, si das tu palabra, la cumples.

Moraleja:
Corría el año 199... y yo estaba cursando el segundo año de primaria. Imaginen una niña de 6 añitos, muy flaquita y algo paliducha. Tenía en ese tiempo una amiga de cuyo nombre, desgraciadamente, no puedo acordarme... pero era algo así como mi nana, ella más que platicar o jugar conmigo, me cuidaba.
Ya se sabe, en cada grupo escolar siempre existe un niño(a) con suficiente malicia como para pasar buenos ratos a costillas de sus compañeros... No, esa no era yo. Yo era más bien de la parvada de tontos que la seguían. Bueno, el asunto es que se llamaba Ángeles (no es ironía mía, es el nombre real que conste). Y bueno, pues un día Ángeles llegó y nos contó a todos que su hermano mayor había descubierto un tunel del tiempo ohhh.
Las expresiones de incredulidad no se hicieron esperar, así que claro, ella se vió obligada a demostrar con pruebas contundentes la veracidad de sus palabras. Para ello hizo uso de una histora fabulantástica en la que su hermano entró al túnel del tiempo y fué a salir a la meritita ciudad de México, estuvo ahí un rato y luego volvió al pueblo....
Mal, mal, mal... el hecho de que esa historia implicara precisamente a la ciudad de México fué lo que me llevó a la perdición, eso y no mi maldad, que quede bien claro. Así que cuando Ángeles propuso que la siguiente ocasión en la que saliéramos temprano, no les dijéramos a nuestros padres y nos fuéramos de pinta directamente a "el túnel del tiempo" la votación a favor fué unánime.
En fín, el asunto es que normalmente me habría negado rotundamente a hacer algo así, pero... podía ir a la ciudad de México... eso hizo volar mi imaginación hasta límites impensables. Ideé un plan, un plan maestro. No sé a dónde se proponían ir el resto de mis compañeros, pero yo lo tenía muchísimo más que claro. Entraría a ese túnel e iría directo a la ciudad de México. Primero iría a ver mi hermana Ana y luego a mis otros dos hermanos. Segúramente estarían en la escuela muy ocupados, pero no importaba, no les quitaría mucho tiempo, un abrazo fuerte y listo. En menos de lo que canta un gallo yo estaría de vuelta en el pueblo y como el tiempo ahí no pasaría, podría volver a casa con mis padres y todo estaría muy bien. ¿Verdad que era un plan maestro? ja ja jaja
Pues ese plan perfecto falló... sí, lo sé, no tenía fallas aparentes, pero en efecto... falló y ya verán de qué forma.
Días después de haber pactado que nos iríamos de pinta a tan mágico lugar, llegó la oportunidad de oro. Antes del recreo la maestra nos informó que ese día salíamos una hora antes. La respuesta no se hizo esperar, pasamos todo el recreo planeando nuestra peligrosa excursión, de una forma muy extraña, pues Ángeles se negó rotundamente a indicarnos el lugar en el que se encontraba el túnel.
Mi amiga (esa cuyo nombre no recuerdo) fué muy contundente en sus palabras. "Si vas, te acuso con tus papás"... pero eso no me detendría, ¡por supuesto que no!, ¿cuándo se ha visto que un plan perfecto se vea impedido por tan minúsculo obstáculo?. Así que respondí "Si me acusas, te dejo de hablar para toda la vida" y aunque a esa edad la vida se termina más o menos 3 años después, mi amiga no se rindió "pues no me hables, pero te voy a acusar". Dejé ese punto ahí... ella sería completamente incapaz de hacerme eso, pues mi amistad le importaba.
Lo que pasó en clase después del recreo, no lo recuerdo ni muy remotamente... pero sí recuerdo con nitidez la imagen que estaba plantada en mi cabeza... yo abrazando a mis hermanos... ¡qué dicha más grande!.
No creo que haga falta decir que cuando llegó la hora de salir de la escuela todos brincamos de las butacas como expulsados por una fuerza sobrenatural.
Y así emprendimos el camino; fuertes, valientes, llenos de una ilusión que nos llevó directamente... a una tubería de aguas negras. Sí, ese pestilente lugar era el famoso túnel del tiempo. Nadie se atrevía a entrar... pero yo, que siempre he sido una mujer de convicciones firmes, estaba decidida, ¿qué importaba si aquello estaba asqueroso?. El marrano muerto, inflado y pestilente que estaba justo en la entrada de esa tubería... eso era sólo otro pequeño obtáculo. Tomé fuerzas, recordé a mi padre diciendo "si las cosas buenas fueran fáciles, cualquier pendejo las tendría"... bien, esto era una cosa buena, así que no sería fácil... pero yo tampoco sería pendeja... lo tendría, viajaría en el tiempo...
Me acomodé, puse un pié dentro del tubo, repetí en mi cabeza "esto es una cosa buena"... y justo cuando estaba a punto de meter la cabeza en ese asqueroso lugar, el tiempo se detuvo. Sí señores, el tiempo se detuvo, pero no a causa del túnel del tiempo, si no por mi pánico al escuchar a mi padre, gritando con su voz de trueno "Olinkaaaaaaaaa".
Creo que tardé más tiempo en voltear, que 30 niños en desaparecer mágicamente, porque cuando yo pude ver hacia atrás, estaba total y absolutamente sola.... y a una distancia de aproximadamente 20 metros, estaba mi padre. Imponente, gigante, rojo. Caminé con valentía hacia él, estaba segura de que cuando le contara la historia, él comprendería, hasta cabía la posibilidad de que él se uniera en mi aventura...
Ups!, ya más cerca noté que tenía el cinturón en la mano derecha... pero eso no importaba, no me pegaría a media calle, claro que no, y ya en el camino, al enterarse de todo, pues la cosa cambiaría.
Sobra decirlo, no tuve tiempo de explicar nada, en cuanto estuve a su alcance, me pezcó de la trenza y al grito de "¡pero queterremilparieron tan pendeja mijita!" me dió uno, dos, tres, cuatro cinturonazos. Y para colmo, mi amiga cumplió su palabra, sin importar mis ruegos, jamás me volvió a dirijir la palabra, era parte del honor de ser indígena, si das tu palabra, la cumples.

Moraleja:
- Si vas a hacer una travesura, asegúrate de tener malas, de preferencia perversas intenciones.
- Si planeas viajar en el tiempo... asegúrate de que TODOS tus amigos te acompañen.
- Y por último, si alguna vez se cruza por tu camino una chica con nombre angelical... desconfía y ¡huye por tu vida!
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