Venganza
Ayer declaré que fuí una niña traviesa, pero que todas mis travesuras habían tenido siempre una buena intención... Bueno, pues en mis horas de insomnio recordé algo. Les mentí, sí, dije una enorme mentira. No TODAS mis travesuras fueron bien intencionadas, hubo una que no...
Les cuento. En aquella época dorada, yo tenía 3 años y estaba en el Kinder. No recuerdo porqué, pero el asunto es que mi maestra no fué una semana, y para no dejarnos sin clase, nos juntaron con otro grupo. Bueno, pues en ese grupo había una niña cuyo nombre era Ana y esa niña, tuvo la magnífica idea de pegarme plastilina en la cabeza.
Yo no sé si para todas las niñas sea igual, pero para mí mi cabello era una cosa mucho más que sagrada... intocable, mi belleza radicaba justo ahí, en mi cabellera. Así que decidí que Ana tendría que pagar esa ofenza, y bien pagada.
No se piense que lo hice como tonta y lloré y la acusé con la maestra... no, yo fuí mucho más perversa en esos días, de lo que he sido en toda mi vida. Ideé un plan, una venganza perfecta.
A la mañana siguiente del desafortunado hecho de que me hubieran pegado plastilina y yo tuviera quepasar toda la tarde soportando los jalones de greñas que mi madre me daba en sus intentos por quitarme la plastilina de la cabeza, llegué al Kinder... por Dios! casi me puedo ver, tan malévola como una bruja maldita ja ja ja.
Me senté en mi sitio, terminé el primer trabajo que nos pusieron y cuando lo terminé, me levanté de mi silla, saqué un chicle de mi boca y decidí masticarlo poco, porque en algún sitio escuché que entre más dulce tuviera el chicle, más se pegaba. Caminé rumbo al bote de basura, en el cual deposité correctamente la envoltura del chicle, después de lo cual me dirigí al sitio donde se encontraba Ana. Me detuve a sus espaldas. Saqué con todo cuidado el chicle de mi boca. Lo coloqué en su cabello (que por gracia divina, llevaba suelto) y luego con ambas manos le revolví el cabello sobre el chicle con tanto coraje y tanta saña que no lo puedo ni creer.
Bien, a la mañana siguiente, Ana llegó rapada ja ja ja ja ya sé que fué muy cruel... pero creo poder jurar que nunca en la vida he sentido más de cerca y con tanta intensidad el placer de la venganza. Aún ahora, tanto años después, lo recuerdo y me siento taaaaaaaaan bien.
Pero claro, la historia no termina aquí, es más, nisiquiera terminó después de que mi mamá le contó a mi papá y él no podía aguantarse la risa... Tampoco terminó cuando yo me mudé y no volví a esta colonia hasta 7 años después. La historia terminó una noche de juerga, 15 años después.
Esa noche estaba yo plácidamente amarranada en sillón viendo la tele, cuando tocaron a mi puerta. Eran mis vecinos para invitarme a tomar una chela y platicar un rato. Entré a casa por un abrigo y salí con ellos. Todo estaba bien, estábamos los de siempre, hablábamos de lo de siempre, vamos, una cosa de lo más normal de la vida. Hasta que de pronto...
Se acerca una chica a nosotros, saluda a todos (al parecer yo era la única que no la conocía), alguien la invita a quedarse y ella acepta.
Comenzaron a hablar de tonterías, se reían de ella porque tenía fama de andar partiendo caras a la menor provocación, vaya, todo un personaje la chica. De pronto alguien habla acerca de la infancia... y entonces ella cuenta una historia, algo que la traumó durante mucho tiempo. "Cuando yo estaba en el Kinder, una estúpida me pegó chicle en el cabello y me tuvieron que rapar".
Un par de tocesitas incómodas y dije "ehm ¿a qué Kinder fuiste?". Claro, al mismo que yo. "Y... ¿cómo te llamas?". Por supuesto, Ana. "Ah! ¿y hace cuántos años pasó eso?" ovbiamente, hace 15.
Me quedé pálida, callada... esto segúramente no podría estar ocurriéndome, era una tontería. Pero entonces alguien la interroga, le pide que cuente la historia. Sí, la misma. "Yo le pegué plastilina un día y al siguiente ella vá y me pega chicle y me rapan".
Ya podía ver yo mi hermoso rostro embarrado en el pavimento. Casi era capaz de sentir el dolor de sus golpes... y alguien me habla "ey! tú, ¿qué te pasa?", "este.. nada, es que ya tengo mucho sueño, mejor ya los dejo chicos, hasta luego Ana, fué un placer".
Sí, huí cobardemente, pero no me arrrepiento.
Aquellas noches comenzaron a repetirse, incluso con más frecuencia que antes. Ana se hizo mi amiga, me contó sus penas, me pidió consejos y una noche hasta me dijo "te quiero mucho amiga".
Eso fué demasiado, demasiado incluso para aquella niña perversa que fuí alguna vez... así que le confesé todo. Le dije que yo fuí la culpable de aquel trauma de la infancia y le dije lo peor. "No me arrepiento, aún siento placer al recordarlo".
Y ella, claro me perdonó. Fin de la historia.
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Moraleja:
Les cuento. En aquella época dorada, yo tenía 3 años y estaba en el Kinder. No recuerdo porqué, pero el asunto es que mi maestra no fué una semana, y para no dejarnos sin clase, nos juntaron con otro grupo. Bueno, pues en ese grupo había una niña cuyo nombre era Ana y esa niña, tuvo la magnífica idea de pegarme plastilina en la cabeza.
Yo no sé si para todas las niñas sea igual, pero para mí mi cabello era una cosa mucho más que sagrada... intocable, mi belleza radicaba justo ahí, en mi cabellera. Así que decidí que Ana tendría que pagar esa ofenza, y bien pagada.
No se piense que lo hice como tonta y lloré y la acusé con la maestra... no, yo fuí mucho más perversa en esos días, de lo que he sido en toda mi vida. Ideé un plan, una venganza perfecta.
A la mañana siguiente del desafortunado hecho de que me hubieran pegado plastilina y yo tuviera quepasar toda la tarde soportando los jalones de greñas que mi madre me daba en sus intentos por quitarme la plastilina de la cabeza, llegué al Kinder... por Dios! casi me puedo ver, tan malévola como una bruja maldita ja ja ja.
Me senté en mi sitio, terminé el primer trabajo que nos pusieron y cuando lo terminé, me levanté de mi silla, saqué un chicle de mi boca y decidí masticarlo poco, porque en algún sitio escuché que entre más dulce tuviera el chicle, más se pegaba. Caminé rumbo al bote de basura, en el cual deposité correctamente la envoltura del chicle, después de lo cual me dirigí al sitio donde se encontraba Ana. Me detuve a sus espaldas. Saqué con todo cuidado el chicle de mi boca. Lo coloqué en su cabello (que por gracia divina, llevaba suelto) y luego con ambas manos le revolví el cabello sobre el chicle con tanto coraje y tanta saña que no lo puedo ni creer.
Bien, a la mañana siguiente, Ana llegó rapada ja ja ja ja ya sé que fué muy cruel... pero creo poder jurar que nunca en la vida he sentido más de cerca y con tanta intensidad el placer de la venganza. Aún ahora, tanto años después, lo recuerdo y me siento taaaaaaaaan bien.
Pero claro, la historia no termina aquí, es más, nisiquiera terminó después de que mi mamá le contó a mi papá y él no podía aguantarse la risa... Tampoco terminó cuando yo me mudé y no volví a esta colonia hasta 7 años después. La historia terminó una noche de juerga, 15 años después.
Esa noche estaba yo plácidamente amarranada en sillón viendo la tele, cuando tocaron a mi puerta. Eran mis vecinos para invitarme a tomar una chela y platicar un rato. Entré a casa por un abrigo y salí con ellos. Todo estaba bien, estábamos los de siempre, hablábamos de lo de siempre, vamos, una cosa de lo más normal de la vida. Hasta que de pronto...
Se acerca una chica a nosotros, saluda a todos (al parecer yo era la única que no la conocía), alguien la invita a quedarse y ella acepta.
Comenzaron a hablar de tonterías, se reían de ella porque tenía fama de andar partiendo caras a la menor provocación, vaya, todo un personaje la chica. De pronto alguien habla acerca de la infancia... y entonces ella cuenta una historia, algo que la traumó durante mucho tiempo. "Cuando yo estaba en el Kinder, una estúpida me pegó chicle en el cabello y me tuvieron que rapar".
Un par de tocesitas incómodas y dije "ehm ¿a qué Kinder fuiste?". Claro, al mismo que yo. "Y... ¿cómo te llamas?". Por supuesto, Ana. "Ah! ¿y hace cuántos años pasó eso?" ovbiamente, hace 15.
Me quedé pálida, callada... esto segúramente no podría estar ocurriéndome, era una tontería. Pero entonces alguien la interroga, le pide que cuente la historia. Sí, la misma. "Yo le pegué plastilina un día y al siguiente ella vá y me pega chicle y me rapan".
Ya podía ver yo mi hermoso rostro embarrado en el pavimento. Casi era capaz de sentir el dolor de sus golpes... y alguien me habla "ey! tú, ¿qué te pasa?", "este.. nada, es que ya tengo mucho sueño, mejor ya los dejo chicos, hasta luego Ana, fué un placer".
Sí, huí cobardemente, pero no me arrrepiento.
Aquellas noches comenzaron a repetirse, incluso con más frecuencia que antes. Ana se hizo mi amiga, me contó sus penas, me pidió consejos y una noche hasta me dijo "te quiero mucho amiga".
Eso fué demasiado, demasiado incluso para aquella niña perversa que fuí alguna vez... así que le confesé todo. Le dije que yo fuí la culpable de aquel trauma de la infancia y le dije lo peor. "No me arrepiento, aún siento placer al recordarlo".
Y ella, claro me perdonó. Fin de la historia.
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Moraleja:
- Si vas a hacer una travesura, asegúrate de tener malas, de preferencia perversas intenciones, de esta forma aseguras un final felíz para tu historia.
- Cuida siempre tu espalda... sobre todo de una niña que parezca indefensa.
- Y por último, mantén tu corazón siempre abierto al perdón... nunca sabes si la niña que te jodió la infancia pueda terminar siendo tu paño de lágrimas después.
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