Árboles y experiencias

Publicado en por Olinka

Creo que ya he mencionado más de una vez el hecho de que cuando finalmente terminé la carrera universitaria e ingresé al mercado laboral, me dí cuenta de las enormes deficiencias con las que tenía que luchar.  Y es que sucede que normalmente los profesores que dan clases en mi escuela suelen ser investigadores, ojo, no es que tenga absolutamente nada en contra de ellos, pero creo que sólo te preparan como profesionista desde un ángulo... y en realidad existen por lo menos dos.

A mí me enseñaron en la escuela que existe la legislación ambiental y que todos estamos obligados a cumplirla, cómo interpretarla, dónde la encuentro, que instancias gubernamentales la expiden, etc, etc, etc. El asunto es que nadie me habló acerca de que a nadie le importa un carajo la legislación, que la mayoría de la gente tiene una enorme reticencia al cambio, ni mucho menos, cómo diseñar una estrategia para sortear estos problemas de la vida real.

Sí, en efecto, me quejé mucho por aquellos días... y aún me quejo, me parece una deficiencia terrible, sobre todo considerando que el porcentaje de alumnos que al término de su carrera deciden dedicarse a la investigación es bastante menor del que se integra al mundo laboral.

Yo habría sido muy felíz si cuando estaba estudiando hubiera ido alguien a hablar conmigo acerca de cómo funcionan las cosas afuera, qué problemas se presentan y cómo se resuelven.

Así que para no seguir quejándome sin hacer nada al respecto, mañana iré a poner un pequeñísimo, diminuto grano de arena a esta causa. Mañana por la tarde iré a hablar con los futuros ingenieros ambientales de este país y les contaré a qué problemas me enfrenté yo, cómo es que las cosas que a veces parecen carecer de importancia pueden frenar por completo un proyecto, y de qué forma solucioné yo las dificultades que me hicieron frente.

Aún no he terminado de preparar la charla, pero no quiero olvidar tocar temas que considero importantísimos como las relaciones humanas (tema que por cierto cualquier estudiante de ingeniería subestima al máximo). Estoy emocionada, lo acepto, por un lado porque siempre es hermoso compartir tus experiencias con intención de facilitar el camino de los que vienen detrás, y por otro porque... bueno, ir a esa escuela siempre me mueve demasiado. Cada pared, pasillo, salón... cada árbol, cada laboratorio y cada centímetro cuadrado de esa escuela están llenos de recuerdos... algunos buenos y otros no tanto, pero recuerdos al fin... tal vez consiga reunir valor suficiente y finalmente, después de tantos años, pueda acercarme a ver cómo está el árbol que sembré junto a aquel ser humano que tanto impactó mi vida, no lo sé, todo puede pasar.

De momento estoy alegre, ya les contaré qué pasó.

 

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