Me arrancaría el corazón
Este es uno de esos maravillosos días nublados que han sido mis favoritos desde que tengo conciencia de la vida… lamentablemente, no estoy en casa, metida en mi cama tibia, regocijándome en los brazos de mi amor mientras veo alguna película muy churrelia que tampoco me importaba (suspiro)… ojalá ese fuera el caso.
En realidad estoy metida en la oficina, con las piernas y las manos congeladas, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantenerme despierta y por pensar lo menos posible en todo lo que ocurre a mi alrededor.
Definitivamente estos no son tiempos de azúcar, tampoco son como los días amargos que viví antes… en realidad mi vida actual me ofrece realmente pocas cosas de las cuales quejarme, no obstante, mi vida no sólo es mía; quiero decir, mi vida, mi estado de ánimo, mis sueños, mis aspiraciones… todo es en realidad un universo del que forman parte mis padres, mis hermanos, mi esposo, mis amigos… etc, etc, etc. Y es justo ahí donde la puerca tuerce el rabo ja ja ja ja.
Yo estoy bien, el asunto es que la gente a la que amo no… y eso me resulta intolerable hasta límites casi inimaginables.
Hace ya algunos años, yo era una escuincla nalgas meadas de algo así como 15 años, en aquellos días (como en todos los que siguieron después) he acompañado y me he dejado acompañar por una chica de blanca faz a quien considero mucho más que una hermana. Y precisamente por aquellos lejanos ayeres, ella se sentó a mi lado y lloró amargamente por los baches de la vida.
Aquella tarde, dije con absoluta honestidad: “¡Ay amiga, si yo pudiera donarte mi corazón y con eso estar segura de que jamás volverás a sufrir… con toda el alma lo haría!”.
Por supuesto los años han pasado y ambas hemos pasado por situaciones dolorosas… hasta llegamos al patético punto de hacer una llamada telefónica para decir algo como: “hay que deprimirnos juntas” ja ja ja y entonces una de las dos corría a casa de la otra y apoyadas por las rolas más ridículas nos deprimíamos y llorábamos hasta el cansancio…
Siempre ha sido así, siempre supimos encontrar las cosas chistoretas y ridículas hasta en los peores momentos, siempre estuvimos juntas y la otra sabía justo qué hacer para que el momento pasara con mayor facilidad. El asunto es, que ahora ella está pasando por un asqueroso momento y que yo, tan simple, tan bofa, tan… tan… no encuentro las palabras, ni el consuelo (y tristemente) ni el tiempo para convertir este momento en algo más fácil de vivir.
Tengo la absoluta certeza de que la mitad de esa pena es mía, ¿porqué?, porque esa chica con cabello de Ken es mi hermana, porque a ella le han correspondido también la mitad de mis propias penas… y porque no he podido donarle mi corazón a cambio de felicidad eterna (aún le debo eso).