Cuando el cielo se cae en pedazos...
Tuve un día tan pero tan malo, que a estas alturas no sé si reirme, llorar, enojarme o qué hacer. Todo comenzó con una de esas noches de insomnio en las que ya ningún juego, programa de TV, ni nada te complace... quería dormir, pero simplemente no podía, igual que hoy.
Así que aquí vamos... cuando finalmente concilié el sueño, eran ya casi las 8 de la mañana,obviamente desperté tarde, como a las 2 o algo así. No quería salir, pero mi esposo tenía un trabajo pendiente en casa de la Maria Juana y pues eso me animó a acompañarlo.
Para empezar la batería de la camioneta se murió y no pudimos arrancarla hasta que la Nalli nos vino a rescatar ja ja ja. Luego pues llegamos a su casa y mi esposo se puso a trabajar, yo tenía hambre y había llevado ya mi comida con toda la intención de no comer sola, pero por unas o por otras, me quedé sola en el comedor y después de dos bocados ya no pude comer más.
Fuí a donde estaba trabajando mi esposo y estuve ahí hasta que la migraña comenzó a amenazar con aparecer. Muy poco después de eso comenzó a llover de una forma tan impresionante que mi esposo tuvo que dejar de trabajar. Llovió muchísimo, con granizo y toda la cosa... así que el trabajo se retrazó bastante.
Como a las 7 u 8, el trabajo estaba a punto de finalizar, así que yo ya estaba soñando con volver a casa, comprar unas palomitas y arroparme con mi marido a ver pelis... pero no, la vida no es tan fantástica. El trabajo se complicó y una cosa llevó a la otra y el caso es que eran las 12 de la noche y no podíamos salir de ese atolladero...
Cuando finalmente lo conseguimos, volvimos a casa esperando encontrar la calidez de nuestro hogar, ¿y qué nos encontramos?... una casa completamente inundada. Ja ja ja ja... no tengo palabras para describir lo que sentí, habíamos dejado un colchón en el suelo que a esas alturas ya era más bien una canoa flotando, la cocina, el baño, los cuartos... todo lleno de agua y lodo.
Llevo ya casi 2 semanas con una tortícolis que estaba comenzando a mejorar, pero entrar a mi casa, ver eso y saber el trabajo que implica.... eso bastó. Así que ahora tampoco puedo dormir porque mi cuello no me lo permite, porque mi esposo comienza la escuela el 3 de agosto y yo sigo desempleada, porque reviso una y otra vez las opciones disponibles y de las poquísimas que hay todas apestan hasta un grado tal, que con un sueldo de esos no podría mantenerme ni yo solita... mucho menos a mi esposo y a mí.
¿Qué digo?, no fué alentador... tampoco esperaba que lo fuera, es sólo que pienso que quizá si escribo esto y me río un poco de las pendejadas que ocurren en la vida. Si me río de haber rechazado un trabajo seguro por considerar que no era lo que yo quería sin saber que luego sentiría deseos de matar por él, si me río de que jamás salgo de mi casa y el único día que lo hago llueve hasta que mi casa se inunde sin que yo haya podido hacer ni el menor intento por evitarlo, si me mofo de mí porque esperé más de un mes para poder hacerme unas putas radiografías y el día de la cita no pude ir porque la migraña me atacó hasta dejarme paralizada sin poder oír, ver, oler ni escuchar nada... en fín, que si me río de mí se me pasará un poco el dolor y quizá pueda meterme a la camita, dejar de torturarme con pensamientos absurdos de cosas que nisiquiera puedo resolver ahora mismo y simplemente descansar... ¡ojalá funcione!.
Así que aquí vamos... cuando finalmente concilié el sueño, eran ya casi las 8 de la mañana,obviamente desperté tarde, como a las 2 o algo así. No quería salir, pero mi esposo tenía un trabajo pendiente en casa de la Maria Juana y pues eso me animó a acompañarlo.
Para empezar la batería de la camioneta se murió y no pudimos arrancarla hasta que la Nalli nos vino a rescatar ja ja ja. Luego pues llegamos a su casa y mi esposo se puso a trabajar, yo tenía hambre y había llevado ya mi comida con toda la intención de no comer sola, pero por unas o por otras, me quedé sola en el comedor y después de dos bocados ya no pude comer más.
Fuí a donde estaba trabajando mi esposo y estuve ahí hasta que la migraña comenzó a amenazar con aparecer. Muy poco después de eso comenzó a llover de una forma tan impresionante que mi esposo tuvo que dejar de trabajar. Llovió muchísimo, con granizo y toda la cosa... así que el trabajo se retrazó bastante.
Como a las 7 u 8, el trabajo estaba a punto de finalizar, así que yo ya estaba soñando con volver a casa, comprar unas palomitas y arroparme con mi marido a ver pelis... pero no, la vida no es tan fantástica. El trabajo se complicó y una cosa llevó a la otra y el caso es que eran las 12 de la noche y no podíamos salir de ese atolladero...
Cuando finalmente lo conseguimos, volvimos a casa esperando encontrar la calidez de nuestro hogar, ¿y qué nos encontramos?... una casa completamente inundada. Ja ja ja ja... no tengo palabras para describir lo que sentí, habíamos dejado un colchón en el suelo que a esas alturas ya era más bien una canoa flotando, la cocina, el baño, los cuartos... todo lleno de agua y lodo.
Llevo ya casi 2 semanas con una tortícolis que estaba comenzando a mejorar, pero entrar a mi casa, ver eso y saber el trabajo que implica.... eso bastó. Así que ahora tampoco puedo dormir porque mi cuello no me lo permite, porque mi esposo comienza la escuela el 3 de agosto y yo sigo desempleada, porque reviso una y otra vez las opciones disponibles y de las poquísimas que hay todas apestan hasta un grado tal, que con un sueldo de esos no podría mantenerme ni yo solita... mucho menos a mi esposo y a mí.
¿Qué digo?, no fué alentador... tampoco esperaba que lo fuera, es sólo que pienso que quizá si escribo esto y me río un poco de las pendejadas que ocurren en la vida. Si me río de haber rechazado un trabajo seguro por considerar que no era lo que yo quería sin saber que luego sentiría deseos de matar por él, si me río de que jamás salgo de mi casa y el único día que lo hago llueve hasta que mi casa se inunde sin que yo haya podido hacer ni el menor intento por evitarlo, si me mofo de mí porque esperé más de un mes para poder hacerme unas putas radiografías y el día de la cita no pude ir porque la migraña me atacó hasta dejarme paralizada sin poder oír, ver, oler ni escuchar nada... en fín, que si me río de mí se me pasará un poco el dolor y quizá pueda meterme a la camita, dejar de torturarme con pensamientos absurdos de cosas que nisiquiera puedo resolver ahora mismo y simplemente descansar... ¡ojalá funcione!.
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