Despedida
No sé cómo es que terminé aquí, sentado en este restaurante casi vacío y a punto cerrar frente a esta mujer. Nadie se atreve a decir nada, ¿qué se dice cuándo ya se ha dicho casi todo?, es más, ¿qué se le dice a alguien que te conoce tanto como para leer tu mente?... nada, sólo estamos sentados de frente y en silencio.
Ella me mira con esa expresión de la misma adolescente enamorada de años atrás y eso, simplemente eso, consigue que de nuevo tenga cosas que decir.
- Tú sabes lo que estoy sintiendo ahora, sólo tú podrías saberlo- le digo bajito y con muchas pausas.
- Desearía saberlo, ¡de verdad desearía saberlo!- me dice ella como si en realidad no supiera.
A lo lejos, en el fondo, comienza a sonar nuestra canción, ¡qué coincidencia!... no, las coincidencias no existen, ambos sabemos que no volveremos a vernos jamás... así que este momento tendría que ser igual de mágico y señalado que todos los anteriores.
- Sólo vine a decirte que te amo, te amo... ¡te amo carajo!, y no importa a cuánte gente se lo diga, nunca funciona, tenía que decírtelo a tí porque tú eres a quien le pertenece todo este amor- dice ella con las mejillas empapadas en llanto.
- No lo sé... tan vez algún día, en algún lugar nos volvamos a ver y finalmente estemos listos para mandarlo todo a la mierda y largarnos juntos a ser felices lejos de todo y de todos.
- Tal vez- responde ella, pero esa profunda tristeza en sus ojos me dice que igual que yo, ha perdido la esperanza.
Nadie vuelve a hablar, pido la cuenta, pago, paro un taxi y nos subimos en él.
- ¿Me dejas?- pregunta ella, señalando mi pecho
- No pidas permiso- respondo sin poder evitar una sonrisa nostálgica
Así que ella hunde su cabeza en mi pecho y suspira. ¿Qué hacer?, no tuve opción, quise contenerme, quería alejarla, me repetí que era el final y no eran buenos estos lujos... pero me vencieron sus ojos... siempre ganaron sus ojos. Así que pongo con cuidado mi mano sobre su cabezita y la aprieto un poco más contra mi pecho. Se siente tan dulce, tan tierna... taaaan mía.
Y caemos ambos, comenzamos a planear cosas que los dos sabemos que no ocurrirán.
- Cuando volvamos a estar juntos, volvemos a esta ciudad, pero a conocerla bien, como se debe- dice uno, no importa quién
- ¡Claro!- contesta el otro- también nos hizo falta ir juntos a la playa, así que iremos a la playa
El asunto es que el tiempo no perdona, se nos agota, los dos lo sabemos... estamos ya tan cerca de llegar al punto de la despedida que los planes se hacen cada vez más frenéticos, como en un intento desesperado por convencernos de que así será, de puede ser... de que sucederá.
El taxi se detiene, la ayudo a bajar, seco su llanto con la misma torpeza de la primera vez y nos abrazamos, nos hundimos en un abrazo irónico porque es tan fuerte que nos hace uno... precisamente en la despedida.
Ella camina hacia la puerta, yo me quedo parado mirando como se evapora el más dulce de mis sueños. Gira la cabeza y me mira como diciedo "te amo y me amas... ¡pasará, yo sé que pasará!" y entonces, como todas las madrugadas, despierto de nuevo, empapado en mi propio llanto. Un llanto desesperado que me acusa por soñar con un sueño que jamás soñé, con una mujer a la que nunca conocí...
Ella me mira con esa expresión de la misma adolescente enamorada de años atrás y eso, simplemente eso, consigue que de nuevo tenga cosas que decir.
- Tú sabes lo que estoy sintiendo ahora, sólo tú podrías saberlo- le digo bajito y con muchas pausas.
- Desearía saberlo, ¡de verdad desearía saberlo!- me dice ella como si en realidad no supiera.
A lo lejos, en el fondo, comienza a sonar nuestra canción, ¡qué coincidencia!... no, las coincidencias no existen, ambos sabemos que no volveremos a vernos jamás... así que este momento tendría que ser igual de mágico y señalado que todos los anteriores.
- Sólo vine a decirte que te amo, te amo... ¡te amo carajo!, y no importa a cuánte gente se lo diga, nunca funciona, tenía que decírtelo a tí porque tú eres a quien le pertenece todo este amor- dice ella con las mejillas empapadas en llanto.
- No lo sé... tan vez algún día, en algún lugar nos volvamos a ver y finalmente estemos listos para mandarlo todo a la mierda y largarnos juntos a ser felices lejos de todo y de todos.
- Tal vez- responde ella, pero esa profunda tristeza en sus ojos me dice que igual que yo, ha perdido la esperanza.
Nadie vuelve a hablar, pido la cuenta, pago, paro un taxi y nos subimos en él.
- ¿Me dejas?- pregunta ella, señalando mi pecho
- No pidas permiso- respondo sin poder evitar una sonrisa nostálgica
Así que ella hunde su cabeza en mi pecho y suspira. ¿Qué hacer?, no tuve opción, quise contenerme, quería alejarla, me repetí que era el final y no eran buenos estos lujos... pero me vencieron sus ojos... siempre ganaron sus ojos. Así que pongo con cuidado mi mano sobre su cabezita y la aprieto un poco más contra mi pecho. Se siente tan dulce, tan tierna... taaaan mía.
Y caemos ambos, comenzamos a planear cosas que los dos sabemos que no ocurrirán.
- Cuando volvamos a estar juntos, volvemos a esta ciudad, pero a conocerla bien, como se debe- dice uno, no importa quién
- ¡Claro!- contesta el otro- también nos hizo falta ir juntos a la playa, así que iremos a la playa
El asunto es que el tiempo no perdona, se nos agota, los dos lo sabemos... estamos ya tan cerca de llegar al punto de la despedida que los planes se hacen cada vez más frenéticos, como en un intento desesperado por convencernos de que así será, de puede ser... de que sucederá.
El taxi se detiene, la ayudo a bajar, seco su llanto con la misma torpeza de la primera vez y nos abrazamos, nos hundimos en un abrazo irónico porque es tan fuerte que nos hace uno... precisamente en la despedida.
Ella camina hacia la puerta, yo me quedo parado mirando como se evapora el más dulce de mis sueños. Gira la cabeza y me mira como diciedo "te amo y me amas... ¡pasará, yo sé que pasará!" y entonces, como todas las madrugadas, despierto de nuevo, empapado en mi propio llanto. Un llanto desesperado que me acusa por soñar con un sueño que jamás soñé, con una mujer a la que nunca conocí...
Publicidad