En la calle
Cinco de la mañana, mi despertador suena... maldito tiempo que nunca perdona!, cómo me gustaría poder quedarme en la cama y dormir más... sólo un poquito más... como decía de niña "otro ratito mamá". Pero esto no es la primaria, ni mi madre está aquí, ni me puedo permitir el lujo de 5 minutos extras, así que que me levanto, me visto, me peino, me lavo los dientes, saco alguna fruta del refrigerador y salgo corriendo como loca para llegar a tiempo al trabajo.
Después de un promedio de 3 horas de empujones, insultos y apreturas... llego al trabajo ya tan cansada que necesito tomar un respiro de 5 minutos para estar en capacidades de revisar mis pendientes y darles cauce. Trabajo todo el día ofreciendo el mayor de mis esfuerzos, siempre teniendo cuidado de no dejarme vencer por las pequeñas cosas que hacen de cada proyecto todo un reto. Así que después de trabajar 10 u 11 horas, apago mi computadora, cierro la oficina y emprendo el desafiante regreso a casa. Claro está, a estas alturas estoy completamente cansada, como siempre, hay mucho trabajo y el día no me rindió suficiente... mañana habrá un millón de cosas que hacer, las nuevas y las viejas sin terminar...
Pagaría lo que fuera por poder llegar a mi casa de inmediato, a lavarme las manos, cenar algo rico, darme un baño con agua muy caliente y caer muerta a la cama... oh Dios!, sólo de imaginarlo he tenido que suspirar. Pero la realidad es otra, para llegar a casa tengo que pasar básicamente por el mismo calvario que en la mañana, pero incrementado por el escándalo del tráfico, de gente gritando y haciendo ruido, de trabajadores cansados, que como yo, todo lo que desean es llegar a su casa de inmediato. Así que todos hemos agotado nuestra dosis diaria de paciencia y ahora estamos cansados e irritables.
Bajo del primer camión que me ha llevado al metro, apenas he recorrido la quinta parte de mi camino a casa y ya puedo ver en las escaleras del metro a ese joven que representa mi primer prueba de paciencia post-trabajo. Como todas las noches, en cuanto me acerco a su posición, él me dice "¿amiga, me prestas un peso?" ... ahhhh no! esto sí que no lo soporto hoy!, hoy no voy a soportar nada más. Me detengo, lo miro de frente y le digo "y si te lo presto ¿cuándo me lo pagas?" ... él, como toda esta gente que vive de las costillas de los demás, pone cara de sorpresa y agrega "bueno, entonces regálame un peso" ... y esto sí que ha sido el colmo!, así que respondo "¿tú tienes idea de lo que yo trabajo para ganarme el peso que ahora tú quieres que te regale!?" y dicho eso, continúo con mi camino con la esperanza de que al menos a mí, no me volvera a pedir "prestado" ni un centavo.
Discúlpenme si consideran que fuí demasiado cruel, pero desde mi punto de vista un joven de más o menos 17 años que se gana la vida pidiendo "préstamos" a la gente que se parte el lomo trabajando... probablemente pase por una situación difícil, pero por eso pasamos todos, yo misma sé muy bien lo que es despertar y no tener ni un pedazo de tortilla dura que comer, la diferencia es cómo respondemos ante eso. Cuando yo estuve en esa situación, me levanté y pedí trabajo!. Ya sea limpiando casas o barriendo una calle, conseguí dinero para vivir otro día... es por eso que me molesta tanto que haya gente así. Todos, absolutamente todos tenemos nuestro futuro en las manos, y no importan las condiciones en las que hayamos nacido, si despertamos un día y decidimos luchar por una vida mejor... es seguro que lo conseguimos.
Ahí lo dejo en tintero..
Después de un promedio de 3 horas de empujones, insultos y apreturas... llego al trabajo ya tan cansada que necesito tomar un respiro de 5 minutos para estar en capacidades de revisar mis pendientes y darles cauce. Trabajo todo el día ofreciendo el mayor de mis esfuerzos, siempre teniendo cuidado de no dejarme vencer por las pequeñas cosas que hacen de cada proyecto todo un reto. Así que después de trabajar 10 u 11 horas, apago mi computadora, cierro la oficina y emprendo el desafiante regreso a casa. Claro está, a estas alturas estoy completamente cansada, como siempre, hay mucho trabajo y el día no me rindió suficiente... mañana habrá un millón de cosas que hacer, las nuevas y las viejas sin terminar...
Pagaría lo que fuera por poder llegar a mi casa de inmediato, a lavarme las manos, cenar algo rico, darme un baño con agua muy caliente y caer muerta a la cama... oh Dios!, sólo de imaginarlo he tenido que suspirar. Pero la realidad es otra, para llegar a casa tengo que pasar básicamente por el mismo calvario que en la mañana, pero incrementado por el escándalo del tráfico, de gente gritando y haciendo ruido, de trabajadores cansados, que como yo, todo lo que desean es llegar a su casa de inmediato. Así que todos hemos agotado nuestra dosis diaria de paciencia y ahora estamos cansados e irritables.
Bajo del primer camión que me ha llevado al metro, apenas he recorrido la quinta parte de mi camino a casa y ya puedo ver en las escaleras del metro a ese joven que representa mi primer prueba de paciencia post-trabajo. Como todas las noches, en cuanto me acerco a su posición, él me dice "¿amiga, me prestas un peso?" ... ahhhh no! esto sí que no lo soporto hoy!, hoy no voy a soportar nada más. Me detengo, lo miro de frente y le digo "y si te lo presto ¿cuándo me lo pagas?" ... él, como toda esta gente que vive de las costillas de los demás, pone cara de sorpresa y agrega "bueno, entonces regálame un peso" ... y esto sí que ha sido el colmo!, así que respondo "¿tú tienes idea de lo que yo trabajo para ganarme el peso que ahora tú quieres que te regale!?" y dicho eso, continúo con mi camino con la esperanza de que al menos a mí, no me volvera a pedir "prestado" ni un centavo.
Discúlpenme si consideran que fuí demasiado cruel, pero desde mi punto de vista un joven de más o menos 17 años que se gana la vida pidiendo "préstamos" a la gente que se parte el lomo trabajando... probablemente pase por una situación difícil, pero por eso pasamos todos, yo misma sé muy bien lo que es despertar y no tener ni un pedazo de tortilla dura que comer, la diferencia es cómo respondemos ante eso. Cuando yo estuve en esa situación, me levanté y pedí trabajo!. Ya sea limpiando casas o barriendo una calle, conseguí dinero para vivir otro día... es por eso que me molesta tanto que haya gente así. Todos, absolutamente todos tenemos nuestro futuro en las manos, y no importan las condiciones en las que hayamos nacido, si despertamos un día y decidimos luchar por una vida mejor... es seguro que lo conseguimos.
Ahí lo dejo en tintero..
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