Escribir
Hola de nuevo, ha pasado ya un buen rato desde que cumplí con la primera petición de temas, así que es hora del siguiente. El estimado aunque últimamente ausente Luis, me pidió que hablara de los motivos por los cuales me gusta escribir.
Parecerá que soy reiterativa pero esta fue otra de esas preguntas cuya respuesta es un poco extraña, larga y compleja. Para comenzar creo que es importante mencionar que provengo de una familia en la que mis hermanos siempre han fomentado la lectura. Mi hermana alguna vez tuvo la casa a punto de escupir libros, a un punto tal que cada vez que llegaba con un libro nuevo yo le decía "entra un libro más a la casa y salgo yo porque ya no cabemos" ja ja ja, la verdad es que eso no ocurrió, pero aún ahora, que hace ya no sé cuántos años de que dejó esta casa, tengo un montón de libros aquí, y consideren que se ha llevado varias maletas atiborradas de libros en cada oportunidad que ha tenido.
En fin, el asunto es que desde pequeña tengo la costumbre de leer, y aunque con el tiempo y los cambios de vida a veces es más complicado tener tiempo para hacerlo, siempre procuro leer aunque sea un párrafo por día, por aquello de no perder la costumbre he he he.
Todo esto lo digo porque yo estoy convencida de que el leer y el escribir están casi siempre relacionados. Si intento hacer memoria, creo que podría decir (no con absoluta certeza) que lo primero que escribí fue un estúpido diario de niña de primaria. Sí, como diría la Nalli, es patético, pero esas cosas tienen su encanto después de todo, por ejemplo, puedes leerlo 20 años después y llorar de risa por las pendejadas que tenías en la cabeza.
La costumbre de escribir un diario la conservé hasta la universidad, así que tengo un montón de papeles, hojas y cuadernos llenos de la mierda cerebral de casi toda mi vida. Como detalle curioso, les diré que hay escritos ahí un montón de nombres que me juré no olvidar y que ahora no tengo ni la más remota y putísima idea de quiénes hayan sido esas personas o de cómo lucían....
Inicialmente mis diarios fueron una forma de conservar recuerdos en un vano intento de que no escaparan de mi mente, pero la verdad es que con el tiempo, terminaron siendo mi forma predilecta de desahogar mi alma, sobre todo en la universidad, cuando me envolví en la relación más intensa, más real y más formal que había tenido hasta entonces. Los diarios de esa época están llenos de esa historia de amor a la que aún no soy capaz de ponerle un calificativo, en esas páginas están plasmadas las primeras miradas, las primeras sonrisas, las primeras citas.... y así camina hasta llegar a las peleas, las discusiones, los desencuentros, los llantos y los odios.
En ese punto dejé de escribir y dejé de abrir mi diario por suficiente tiempo como para no recordar cuánto fue. Sólo lo abrí cuando tuve que escribir que estaba a punto de casarme con el mejor hombre al que había conocido jamás.
Pero eso no es todo lo que he escrito, alguna vez en la secundaria participé en un concurso literario en el que escribí un cuento acerca de un niño que volaba, y luego en la vocacional me dio por escribir poesía. En aquella época también alimentaba el sueño de escribir una novela, luego, durante mucho tiempo tuve este sueño abandonado... pero lo planeo retomar, no escribiré ahora, pero definitivamente es una de esas cosas que tengo que hacer antes de morir.
Con el tiempo y los golpes de la vida, llegó el momento en el que quedé completamente imposibilitada para escribir, simplemente no podía, era casi como estar medio muerta, pues aunque tenía tantas emociones que me sentía asfixiada, no podía darles cauce de la única forma que lo había hecho durante toda mi vida... llegué a resignarme a no volver a escribir jamás, cuando intenté escribirle una carta de amor a mi esposo y el resultado me pareció francamente mediocre con respecto al amor que yo siento por él, y a mí, que siempre me había resultado tarea fácil expresar mis sentimientos con palabras, me pareció que aquello no decía nada.
Pero como siempre digo, la vida es un espiral y cierta madrugada comencé con este blog que se convirtió en un gran ejercicio para volver a escribir, en la prueba de que aún puedo hacerlo y en mi nuevo medio para volver a ser yo de nuevo. Creo que todo el proceso fue justo, porque aunque alguna vez fui sólo un montón de cenizas y poco a poco recuperé lo que perdí; primero pude volver a cocinar, luego pude volver a usar aretes y anillos, y al final de la lista, como el último y quizá de mis mayores logros, pude volver a escribir. Aún no escribo con la fluidez de antes, todavía necesito tiempo para recuperarme del todo... pero estoy escribiendo ahora ¿no?.
Así que aquí estoy, no pretendo escribir bien o mal... sólo quiero escribir, darle a mi cuerpo y a mi cabeza esta pequeña válvula de seguridad para mantener mi humanidad, para crecer mientras escribo y quizá, para que alguien más crezca mientras lee.
Parecerá que soy reiterativa pero esta fue otra de esas preguntas cuya respuesta es un poco extraña, larga y compleja. Para comenzar creo que es importante mencionar que provengo de una familia en la que mis hermanos siempre han fomentado la lectura. Mi hermana alguna vez tuvo la casa a punto de escupir libros, a un punto tal que cada vez que llegaba con un libro nuevo yo le decía "entra un libro más a la casa y salgo yo porque ya no cabemos" ja ja ja, la verdad es que eso no ocurrió, pero aún ahora, que hace ya no sé cuántos años de que dejó esta casa, tengo un montón de libros aquí, y consideren que se ha llevado varias maletas atiborradas de libros en cada oportunidad que ha tenido.
En fin, el asunto es que desde pequeña tengo la costumbre de leer, y aunque con el tiempo y los cambios de vida a veces es más complicado tener tiempo para hacerlo, siempre procuro leer aunque sea un párrafo por día, por aquello de no perder la costumbre he he he.
Todo esto lo digo porque yo estoy convencida de que el leer y el escribir están casi siempre relacionados. Si intento hacer memoria, creo que podría decir (no con absoluta certeza) que lo primero que escribí fue un estúpido diario de niña de primaria. Sí, como diría la Nalli, es patético, pero esas cosas tienen su encanto después de todo, por ejemplo, puedes leerlo 20 años después y llorar de risa por las pendejadas que tenías en la cabeza.
La costumbre de escribir un diario la conservé hasta la universidad, así que tengo un montón de papeles, hojas y cuadernos llenos de la mierda cerebral de casi toda mi vida. Como detalle curioso, les diré que hay escritos ahí un montón de nombres que me juré no olvidar y que ahora no tengo ni la más remota y putísima idea de quiénes hayan sido esas personas o de cómo lucían....
Inicialmente mis diarios fueron una forma de conservar recuerdos en un vano intento de que no escaparan de mi mente, pero la verdad es que con el tiempo, terminaron siendo mi forma predilecta de desahogar mi alma, sobre todo en la universidad, cuando me envolví en la relación más intensa, más real y más formal que había tenido hasta entonces. Los diarios de esa época están llenos de esa historia de amor a la que aún no soy capaz de ponerle un calificativo, en esas páginas están plasmadas las primeras miradas, las primeras sonrisas, las primeras citas.... y así camina hasta llegar a las peleas, las discusiones, los desencuentros, los llantos y los odios.
En ese punto dejé de escribir y dejé de abrir mi diario por suficiente tiempo como para no recordar cuánto fue. Sólo lo abrí cuando tuve que escribir que estaba a punto de casarme con el mejor hombre al que había conocido jamás.
Pero eso no es todo lo que he escrito, alguna vez en la secundaria participé en un concurso literario en el que escribí un cuento acerca de un niño que volaba, y luego en la vocacional me dio por escribir poesía. En aquella época también alimentaba el sueño de escribir una novela, luego, durante mucho tiempo tuve este sueño abandonado... pero lo planeo retomar, no escribiré ahora, pero definitivamente es una de esas cosas que tengo que hacer antes de morir.
Con el tiempo y los golpes de la vida, llegó el momento en el que quedé completamente imposibilitada para escribir, simplemente no podía, era casi como estar medio muerta, pues aunque tenía tantas emociones que me sentía asfixiada, no podía darles cauce de la única forma que lo había hecho durante toda mi vida... llegué a resignarme a no volver a escribir jamás, cuando intenté escribirle una carta de amor a mi esposo y el resultado me pareció francamente mediocre con respecto al amor que yo siento por él, y a mí, que siempre me había resultado tarea fácil expresar mis sentimientos con palabras, me pareció que aquello no decía nada.
Pero como siempre digo, la vida es un espiral y cierta madrugada comencé con este blog que se convirtió en un gran ejercicio para volver a escribir, en la prueba de que aún puedo hacerlo y en mi nuevo medio para volver a ser yo de nuevo. Creo que todo el proceso fue justo, porque aunque alguna vez fui sólo un montón de cenizas y poco a poco recuperé lo que perdí; primero pude volver a cocinar, luego pude volver a usar aretes y anillos, y al final de la lista, como el último y quizá de mis mayores logros, pude volver a escribir. Aún no escribo con la fluidez de antes, todavía necesito tiempo para recuperarme del todo... pero estoy escribiendo ahora ¿no?.
Así que aquí estoy, no pretendo escribir bien o mal... sólo quiero escribir, darle a mi cuerpo y a mi cabeza esta pequeña válvula de seguridad para mantener mi humanidad, para crecer mientras escribo y quizá, para que alguien más crezca mientras lee.
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