Visitas
El miércoles por la tarde, vendrán por primera vez mis suegros a visitarnos.... ya sé que no suena taaaaaaan trágico, pero para mí es casi como si me visitara Hacienda. Mi casa, mi hogar y mi forma de vida de vida como mujer casada, serán sometidas al primer escrutinio y eso me tiene al borde de un ataque.
Ya sé que hasta aquí parece que no pasa nada y que exagero (y de hecho lo hago pues es parte de mi naturaleza), pero verán, resulta ser que yo viví demasiado tiempo sola. ¿Y eso qué tiene que ver con los chilaquiles?, pues que como alguna vez me dijo mi hermana con sabiduría "cuando vives solo, te vuelves muy maniático". No digo que esté loca ni eso, pero sí soy muy celosa de mi espacio, mis formas, métodos y horarios. Fué un reto monumental para mí compartir mi espacio con mi esposo. Segúramente habrá entre ustedes gente a quien eso de compartir el espacio no le represente tanto problema, pero para mí lo fué y a veces lo sigue siendo.
Durante muchos años en esta casa yo fuí la reyna y señora, nada se movía de su sitio a menos que yo decidiera hacerlo. Si yo dejaba un papel con mocos en el rincón número X de mi casa, ese papel con mocos permanecía ahí hasta que a mí me diera la gana tirarlo y así con todo. El orden de mi desmadre estaba completamente regido por mí. No había en esta casa nadie con costumbres que yo tuviera que tolerar, porque si por ejemplo, mis amigos me visitaban y hacían una de esas cosas que detesto, pues les decía "me emputa que hagas esto" y entonces procuraban no hacerlo.
Me confieso culpable de odiar los cambios, ese es otro gran problema, porque en general, los cambios me llenan de angustia, he superado mucho de esto estando con mi esposo, pero de cualquier forma, siempre que pueda, evitaré que algo cambie. Así que claro, pasé muchísimo tiempo sin cambiar la decoración de mi casa, mucho tiempo en el que lo más arriesgado que hice, fué poner un toquesito de color en las paredes, bastante pálido como para que no lo notara ni yo ja ja ja.
Así que me casé y mi esposo llegó con sus ideas reformistas a esta casa y yo tuve que aprender a compartir la desición de que un mueble cambiara de lugar... fué difícil, pero con la conciencia de que era lo correcto y controlando mi respiración, logré superar casi por completo el reto. Digo, al menos hace ya varios meses que no tengo una discusión de un día por un mueble.
Y bueno, no sé cómo, pero durante mi etapa de soltera que vive sola, conseguí que incluso mis padres respetaran esto como mi espacio. Se acostumbraron a que venían de visita y aunque son mis padres y son autoridad y los amo con toda el alma, eso no implicaba que podían mover las cosas o joderme porque hago esto o aquello de tal o cuál forma.
También me confieso culpable de que uno de los factores importantes para que mi esposo y yo decidiéramos vivir aquí, fué que estamos completamente lejos de todos, estamos en territorio neutral, mi familia en Guerrero y el mundo, y su familia en Sonora. Eso la verdad es que es muy propicio para el sano desarrollo de nuestra familia, pues aquí no pasa que mi suegra entre intempestivamente a mi casa a regañarme porque plancho así y a su hijo le gusta asá. Y aunque mi suegra es de esas mujeres de las que hay pocas (gracias a Dios), he podido sobrevivir a la presión telefónica prácticamente ilesa hasta el día de hoy.
Salvo algunas regañadas porque permito que mi esposo tenga su espacio privado (del cual también gozo), reiteradas insinuaciones de que debería tener más sexo con él para convencerlo de que debemos irnos a vivir a Sonora y una declaración poco velada de que me odia porque soy católica y ella soñó que su hijo se casara con una Cristiana de las que más, he podido vivir tranquila.
Así que de hecho... estoy histérica, la cuenta regresiva ha dado inicio y ahora mismo tengo 2 días para dejar mi casa limpia y no sólo de polvo y mugre, si no también de las muchísimas cosas que tenemos y que a juicio de mis suegra pueden ser "satánicas" o "paganas", y en una casa donde conviven dos personas de religiones diferentes, pues resulta que hay bastantes cosas que cumplan con las características mínimas indispensables para entrar en alguna de esas categorías.
Antes de que alguien me regañe porque no defendemos nuestro espacio y no dejamos claro que este es nuestro reynado y aquí mandamos nosotros, mejor les digo de una vez, que he comprobado al más puro estilo científico que con mi suegra es mejor evitar que surja el problema.
Mi esposo está tranquilo porque dice que viene su papá y que él es como el catalizador de su mamá, pero... la verdad es que a mí eso no me tranquiliza tanto que digamos, pues si bien mi suegro es un señor súper ecuánime, no siempre logra mantener bajo control a su señora esposa.
Tiene ya más de un mes que se habla de esta visita, pero no me había preocupado tanto hasta que esta última semana mi suegra comenzó a llamar diario 2 o tres veces para ajustar los mismos detalles cada vez, y en una de esas llamadas dijo lo que más temí escuchar: "Hemos pensado aprovechar el viaje y estar allá al menos dos semanas, pero claro, nomás 2 días en tu casa y luego buscamos hotel, porque no queremos molestarte".
Cuando finalmente pude volver a respirar, tuve que decir lo que ella quería que dijera cuando hizo ese comentario: "No señora, no se preocupe, pueden estar el tiempo que quieran, esta es su casa" y de esa manera, con tan sólo 15 palabras, me condené a dos semanas de guía turística, cocinera, dama de compañía y sobre todo, blanco de sermones.
Aún faltan dos días, pero el trabajo que tengo por hacer es mucho, pues tampoco olviden que tengo una vida al margen de mi matrimonio, y claro, en esa vida también tengo problemas, por ejemplo, que la contadora de la empresa se enfermó y estamos atrazados 15 días con la declaración anual a Hacienda.
En fín, procuraré no desaparecer mucho, aunque probablemente tenga ausencias más largas de las que acostumbro. Sólo les pido que me deseen suerte, manden sus mejores vibras y esperen (como yo) que esto termine pronto, bien y conmigo viva ja ja ja.
Ya sé que hasta aquí parece que no pasa nada y que exagero (y de hecho lo hago pues es parte de mi naturaleza), pero verán, resulta ser que yo viví demasiado tiempo sola. ¿Y eso qué tiene que ver con los chilaquiles?, pues que como alguna vez me dijo mi hermana con sabiduría "cuando vives solo, te vuelves muy maniático". No digo que esté loca ni eso, pero sí soy muy celosa de mi espacio, mis formas, métodos y horarios. Fué un reto monumental para mí compartir mi espacio con mi esposo. Segúramente habrá entre ustedes gente a quien eso de compartir el espacio no le represente tanto problema, pero para mí lo fué y a veces lo sigue siendo.
Durante muchos años en esta casa yo fuí la reyna y señora, nada se movía de su sitio a menos que yo decidiera hacerlo. Si yo dejaba un papel con mocos en el rincón número X de mi casa, ese papel con mocos permanecía ahí hasta que a mí me diera la gana tirarlo y así con todo. El orden de mi desmadre estaba completamente regido por mí. No había en esta casa nadie con costumbres que yo tuviera que tolerar, porque si por ejemplo, mis amigos me visitaban y hacían una de esas cosas que detesto, pues les decía "me emputa que hagas esto" y entonces procuraban no hacerlo.
Me confieso culpable de odiar los cambios, ese es otro gran problema, porque en general, los cambios me llenan de angustia, he superado mucho de esto estando con mi esposo, pero de cualquier forma, siempre que pueda, evitaré que algo cambie. Así que claro, pasé muchísimo tiempo sin cambiar la decoración de mi casa, mucho tiempo en el que lo más arriesgado que hice, fué poner un toquesito de color en las paredes, bastante pálido como para que no lo notara ni yo ja ja ja.
Así que me casé y mi esposo llegó con sus ideas reformistas a esta casa y yo tuve que aprender a compartir la desición de que un mueble cambiara de lugar... fué difícil, pero con la conciencia de que era lo correcto y controlando mi respiración, logré superar casi por completo el reto. Digo, al menos hace ya varios meses que no tengo una discusión de un día por un mueble.
Y bueno, no sé cómo, pero durante mi etapa de soltera que vive sola, conseguí que incluso mis padres respetaran esto como mi espacio. Se acostumbraron a que venían de visita y aunque son mis padres y son autoridad y los amo con toda el alma, eso no implicaba que podían mover las cosas o joderme porque hago esto o aquello de tal o cuál forma.
También me confieso culpable de que uno de los factores importantes para que mi esposo y yo decidiéramos vivir aquí, fué que estamos completamente lejos de todos, estamos en territorio neutral, mi familia en Guerrero y el mundo, y su familia en Sonora. Eso la verdad es que es muy propicio para el sano desarrollo de nuestra familia, pues aquí no pasa que mi suegra entre intempestivamente a mi casa a regañarme porque plancho así y a su hijo le gusta asá. Y aunque mi suegra es de esas mujeres de las que hay pocas (gracias a Dios), he podido sobrevivir a la presión telefónica prácticamente ilesa hasta el día de hoy.
Salvo algunas regañadas porque permito que mi esposo tenga su espacio privado (del cual también gozo), reiteradas insinuaciones de que debería tener más sexo con él para convencerlo de que debemos irnos a vivir a Sonora y una declaración poco velada de que me odia porque soy católica y ella soñó que su hijo se casara con una Cristiana de las que más, he podido vivir tranquila.
Así que de hecho... estoy histérica, la cuenta regresiva ha dado inicio y ahora mismo tengo 2 días para dejar mi casa limpia y no sólo de polvo y mugre, si no también de las muchísimas cosas que tenemos y que a juicio de mis suegra pueden ser "satánicas" o "paganas", y en una casa donde conviven dos personas de religiones diferentes, pues resulta que hay bastantes cosas que cumplan con las características mínimas indispensables para entrar en alguna de esas categorías.
Antes de que alguien me regañe porque no defendemos nuestro espacio y no dejamos claro que este es nuestro reynado y aquí mandamos nosotros, mejor les digo de una vez, que he comprobado al más puro estilo científico que con mi suegra es mejor evitar que surja el problema.
Mi esposo está tranquilo porque dice que viene su papá y que él es como el catalizador de su mamá, pero... la verdad es que a mí eso no me tranquiliza tanto que digamos, pues si bien mi suegro es un señor súper ecuánime, no siempre logra mantener bajo control a su señora esposa.
Tiene ya más de un mes que se habla de esta visita, pero no me había preocupado tanto hasta que esta última semana mi suegra comenzó a llamar diario 2 o tres veces para ajustar los mismos detalles cada vez, y en una de esas llamadas dijo lo que más temí escuchar: "Hemos pensado aprovechar el viaje y estar allá al menos dos semanas, pero claro, nomás 2 días en tu casa y luego buscamos hotel, porque no queremos molestarte".
Cuando finalmente pude volver a respirar, tuve que decir lo que ella quería que dijera cuando hizo ese comentario: "No señora, no se preocupe, pueden estar el tiempo que quieran, esta es su casa" y de esa manera, con tan sólo 15 palabras, me condené a dos semanas de guía turística, cocinera, dama de compañía y sobre todo, blanco de sermones.
Aún faltan dos días, pero el trabajo que tengo por hacer es mucho, pues tampoco olviden que tengo una vida al margen de mi matrimonio, y claro, en esa vida también tengo problemas, por ejemplo, que la contadora de la empresa se enfermó y estamos atrazados 15 días con la declaración anual a Hacienda.
En fín, procuraré no desaparecer mucho, aunque probablemente tenga ausencias más largas de las que acostumbro. Sólo les pido que me deseen suerte, manden sus mejores vibras y esperen (como yo) que esto termine pronto, bien y conmigo viva ja ja ja.
Publicidad